Inicio Noticias Ruta Juegos Panamericanos: 60 años de la hazaña de Ramón Hoyos

Juegos Panamericanos: 60 años de la hazaña de Ramón Hoyos

1251
0
COMPARTIR
Foto: Óscar Héctor Dallos
Foto: Óscar Héctor Dallos
Ramón Emilio Hoyos Vallejo con su bicicleta de 1955 en su finca (enero 2013)

En la historia de Colombia no existe un deporte más triunfador que el ciclismo, y en la centenaria modalidad de la ruta ha escrito buena cantidad de las páginas más gloriosas del pedalismo nacional, como la protagonizada por Ramón Emilio Hoyos Vallejo (q.e.p.d.), a quien se debe que a los colombianos se les identifique como ‘Escarabajos’ en los escenarios universales.

El boyacense Nairo Quintana muestra en el escenario perfecto, el Tour de Francia, por qué es el presente ciclístico del país en la ruta. No le intimidó llegar como favorito a la prueba reina del pedal, al contrario, lo asume sin desparpajo en su segunda participación. Lo mismo que el antioqueño Fernando Gaviria en la pista, a sus 20 años ya atesora dos títulos universales, uno en juvenil (2012) otro en mayores (2015). La sinergia de juventud y talento son señales del esperanzador futuro que les aguarda. Pero el pasado no ha sido diferente, la victoria caracteriza a los ‘Escarabajos’. En la historia deportiva del país no existe un deporte más triunfador que el pedalismo, aún más evidente si se suman las cuatro disciplinas, todas olímpicas: bicicrós, ciclomontañismo, pista y la tradicional ruta.

Panamericano 1955

Esta centenaria modalidad ha escrito buena cantidad de las páginas más, más gloriosas del ciclismo nacional, como la protagonizada por Ramón Emilio Hoyos Vallejo (q.e.p.d.), a quien se debe que a los colombianos se les identifique como ‘Escarabajos’ en los escenarios universales. Así lo bautizó en los años cincuenta Jorge Buitrago (periodista deportivo de El Tiempo de la época), al intentar describir las cualidades en el ascenso de quien falleció el miércoles 19 de noviembre de 2014, a los 82 años, en la Clínica Las Vegas, de Medellín, víctima de una infección urinaria. Dos días antes lo llevaron sus hijos tras percatarse que la medicina ya no obraba.

En esa fecha dejó de existir la primera celebridad del deporte colombiano. Basta ver las imágenes del momento del recibimiento tras alguna de sus conquistas, casi todas épicas por las condiciones en las cuales se lograron. Esta corresponde al sábado 26 de marzo de 1955, es decir, 60 años atrás, obtenida con ocasión de los Segundos Juegos Panamericanos, los de Ciudad de México 1955. Participación asegurada a 10 días de la gala inaugural en la capital mexicana después de rendir frutos la gestión del teniente–coronel Guillermo Padilla Manrique, presidente del Comité Olímpico Colombiano (COC), ante el Ministerio de Educación para conseguir los recursos necesarios que permitieran una actuación decorosa.

Como desde su nacimiento el deporte colombiano no ha sido autosuficiente, la dirigencia debía hacer su propia hazaña para ir a los certámenes internacionales de esos años. A muchos se dejó de ir por no tener con qué cubrir los gastos, caso Juegos Olímpicos Helsinki 1952. Para Ciudad de México 1955 también reinó la incertidumbre, como lo reseñó la agencia francesa de noticias AFP: “Es posible, sin embargo, que a última hora otros países decidan enviar delegaciones o reconsideren la decisión de abstenerse, como ocurre con Colombia. La ausencia definitiva de sus deportistas provocaría vivo pesar en México, donde se recuerda que ellos figuraron brillantemente en los últimos Juegos Centroamericanos y del Caribe (los de Ciudad de México 1954)”.

La exitosa misión de Padilla llevó al desembolso de los 110 mil pesos que costaba el viaje de los 55 atletas que integraron la delegación nacional en México, nueve de ellos pedalistas: Rodolfo Umaña (pista, velocidad), Octavio Echeverry, (pista, kilometro contrarreloj y persecución por equipos), Manfred Adelsohn, Héctor Monsalve, Isaac Sarmiento (pista, persecución por equipos), ‘El Indomable Zipa’ Efraín Forero Triviño (pista –persecución por equipos– y ruta), Justo ‘Pintado’ Londoño (ruta), el militar Benjamín Jiménez (ruta) y Ramón Hoyos (pista –persecución por equipos– y ruta); entrenador Miguel García y delegado Donald Raskin.

Al último día de las máximas Justas continentales de cada cuatrienio, en plenos albores, Colombia sumaba tres medallas alcanzadas por los segundos lugares (plata) del atleta Jaime Aparicio, en los 400 metros con vallas, y del pistero Echeverry en el kilómetro contrarreloj, junto al tercer puesto (bronce) del nadador Gilberto Martínez en los 1.500 metros libres. En el programa solamente restaba la acreditada prueba rutera ciclística de gran fondo en carretera, prevista sobre un circuito de 6.250 metros de extensión alrededor de la Ciudad Universitaria. Idéntico recorrido sobre el cual se había desarrollado un año atrás la misma competencia en los Centroamericanos y del Caribe Ciudad de México 1954, que fueron un ensayo para los Juegos Panamericanos.

En esa ocasión, Colombia había sido la grata revelación porque su incipiente historia deportiva le había alcanzado para terminar de cuarta en el medallero, en gran parte gracias al ciclismo que aportó cuatro de las ocho preseas doradas con Umaña en los mil metros Scratch, Echeverry en los mil metros contrarreloj, Colombia en los 4.000 metros persecución equipos (Echeverry, Monsalve, Óscar Salinas, Óscar Uluardi) y Colombia en el gran fondo en carretera equipos (Hoyos, Londoño, Forero, Héctor ‘El Negro’ Mesa). Esto indica que Hoyos Vallejo conocía el terreno sobre la cual iba a correr y bien pudo plantearse su desquite personal al no haber podido acceder al podio de forma individual en Ciudad de México 1954, su primera y única cita caribeña.

 

Si alguien contribuyó a hacerlo llamativo en esos inicios fue este arriero de las entrañas paisas, de notables condiciones en el ascenso (en especial), las cuales estaban para conseguir mucho más que éxitos intermedios, de ahí que el 8 de marzo de 1953 gritó campeón con ocho sonoras victorias de etapa, cuatro al hilo; enseguida, cruzó el Atlántico con Fabio León Calle, Francisco León Otálvaro, Héctor Mesa, Mario Montaño, Óscar Oyola, Héctor Monsalve y Efraín Forero, la osada expedición en busca de la primera experiencia del ciclismo colombiano en Europa. El 13 de mayo tomaron la salida en la ‘Route de France’, precursora del Tour de L’Avenir, en Francia. La aventura duró cuatro días con Mesa y Hoyos como únicos sobrevivientes. Cuando pasaron la meta, los registros de control ya se habían cerrado. Para los jueces, una delegación tan reducida no tenía futuro.

En 1954, repitió título en la Vuelta a Colombia (12 al 31 de enero) con otros seis triunfos parciales; a continuación (5 al 20 de marzo) obtuvo la medalla de oro en la prueba colectiva de ruta del gran fondo en carretera de los Centroamericanos y del Caribe en Ciudad de México con Londoño, Forero y ‘El Negro’ Mesa; después (26 de septiembre al 2 de octubre) logró la primera victoria general en la historia de un ‘Escarabajo’ en la prueba estelar a un país al ganar la desaparecida Vuelta a Puerto Rico. Cerró el año en el exterior, en diciembre, conformando el equipo colombiano que asistió por primera ocasión a un Campeonato Suramericano de ciclismo en Sao Paulo, Brasil. No trascendió. Con ese bagaje, retornó a la capital azteca para protagonizar una hazaña en los Juegos Panamericanos que ningún ciclista colombiano ha logrado emular hasta ahora.

Con un marco impresionante de público, la prensa mexicana de la época habla de 50 mil espectadores a lo largo del trazado, Hoyos fue uno de los cuatro ruteros nacionales en la prueba del gran fondo al lado de Efraín Forero, de Justo Londoño y de Benjamín Jiménez. Este último, junto a Hoyos, se escaparon en el decimosegundo giro de los 26 totales; en el 16, la ventaja sobre el lote superaba los tres minutos y en el 19, empezó el descuento de los perseguidores. Nunca hubo cacería, pero si un esfuerzo descomunal de Hoyos para dejar a Jiménez en el remate e irse solitario hacia la meta. Le sacó 32 segundos a su compatriota, así se configuró el primer uno–dos en la historia del pedalismo nacional en el exterior. Décimo pasó Forero, eso le alcanzó a Colombia para ser primera también por equipos. De Londoño, aún no se tienen noticias.

En medio de la euforia de la celebración por el doble podio, cuando Hoyos era paseado en hombros por los propios mexicanos, le robaron las zapatillas que calzó para su epopeya de 177 kilómetros sobre la cicla en Ciudad de México. El afectado luego diría con marcado acento paisa, “está visto que en todas partes se cuecen habas”. Pero la máquina, hasta hoy, sigue intacta. El dueño la conservó tal cual en la propia sala de su casa en la finca de la vereda El Sango, en Guarne (Antioquia), cercana a Medellín, donde vivió los últimos 10 años de su vida, huraño y alejado de lo cotidiano. A su muerte, sus hijos la llevaron para exhibirla en el almacén de nombre, como no, “Bicicletas Ramón Hoyos”, fundado en 1959 por su propietario, en la carrera 52 con calle 54, lo que en la ‘Eterna Primavera’ es lo mismo, Carabobo con Caracas.

Esos dos oros le permitieron a Colombia ser octava en el epílogo de los Juegos, que contaron con 2.583 atletas en representación de 22 naciones. Se fue como uno más de la delegación criolla y regresó al país como héroe, como  bicampeón panamericano. El segundo en la historia, el pionero fue el atleta vallecaucano Jaime Aparicio al ser primero en los 400 metros con vallas en Buenos Aires 1951.

Por Óscar Héctor Dallos Malaver

 

Don Ramón y La Vuelta Colombia

O desconocía por completo lo que era rodar sobre una cinta asfáltica en óptimas condiciones. Muy distinto a las inhóspitas carreteras colombianas que servían de escenario para la naciente, pero también inhumana, Vuelta a Colombia, de la cual ya se había coronado dos veces seguidas (1953–54), con registros como ser el primer paisa en lograrlo y recuperar el trono para los nacionales después del triunfo en la segunda edición del campeón olímpico francés José Beyaert, en 1952, el mismo año en que Hoyos la corrió por primera vez. Con el dorsal 50, fue uno de los 30 novatos en el lote de 58 ruteros que tomaron la salida el 12 de enero con la etapa de Bogotá a Honda. Asistió gracias al apoyo de su paisano Ramiro Mejía, dueño de la ‘Lavandería Tropical’ en Medellín, quien luego de verlo correr decidió apoyarlo contrariando el pensamiento general de sus coterráneos, férreos oponentes al considerar que estaba ‘muy biche’ para semejante aventura.

Pero la terquedad del empresario se vio recompensada al ganar ‘Don Ramón de Marinilla’ (por el pueblo antioqueño donde nació) la novena fracción el 22 de enero de Cali a Sevilla, cumplida después del segundo descanso. Los 169 kilómetros entre las dos localidades vallecaucanas los hizo en 6 horas 13 minutos 46 segundos. El domingo 27 de enero, transitados los 1.677 kms previstos, Hoyos culminó en la sexta plaza de la general y en la segunda entre los neófitos, dos casillas abajo del número uno en ese apartado, el caleño Ernesto ‘La Pulga’ Gallego, tras cruzar la meta final en la capital de la República procedentes de Girardot. Original forma de presentarse en el giro nacional, desde sus orígenes, un absoluto espectáculo deportivo, porque a lo novedoso agregó lo atractivo.

Parece que esa doble condición le dio el plus necesario para lograr su actuación más memorable en la Vuelta a Colombia, que al arribar al primer quinquenio cambió de fecha (21 de mayo al 12 de junio de 1955,  incluidos cinco inauditos descansos). Desempeño tan magistral que han transcurrido más de seis décadas sin ser igualado: venció en ¡12 de las 18 etapas! las seis primeras en línea, Bogotá – Armero, Armero – Fresno, Fresno – Manizales, Manizales – Aguadas, Aguadas – Medellín, Medellín – Caramanta.

Dio tregua de Cartago a Cali (dominó José Beyaert) y de Cali a Popayán (venció Honorio Rúa); en seguida, retomó a la senda ganadora por partida triple: La Unión – Pasto, Pasto – Tulcán (Ecuador), Ipiales – Pasto. Entre Popayán y La Plata el mexicano Rafael Vaca cantó victoria, Hoyos lo hizo de La Plata a Neiva, Juan Esteban ‘Pantalla’ Montoya de Neiva a Natagaima, Hoyos de Natagaima a Ibagué, Beyaert de Ibagué a Melgar, y el marinillo encadenó su decimosegundo laurel de Melgar a Bogotá, en el cierre, es decir, moño a su propio regalo. En total, 15 éxitos antioqueños más tres extranjeros. La general con los siete primeros oriundos de tierras montañeras, lo que patentizó la frase “los paisas en caravana”. Ni antes, ni después, ejercieron tal dominio en la carrera ilustre del país con Hoyos tricampeón en serie, igualmente rey de la montaña, su terreno.

En un mismo calendario (1955) obtuvo los dos triunfos más sonoros de su carrera, uno de puertas para adentro (Vuelta a Colombia) y el otro en la cita deportiva cumbre del hemisferio, que en la siguiente edición –Chicago 1959– dejó un nuevo campeón, el argentino Ricardo Senn. Colombia ausente, lo mismo que en la tercera parada continental en 1963, en Sao Paulo, donde la medalla de oro se la colgó el venezolano Gregorio Carrizález. Al siguiente año, Ramón Hoyos dijo adiós al ciclismo activo con un papel secundario en la Vuelta a Colombia, en la cual ajustaba cinco títulos con los de 1956 y de 1958.

Sus mejores días habían pasado a la par del desencanto por el ciclismo, cansado de andar por las destapadas vías del país sin ver recompensada tanta entrega, dedicación y lucha sobre las dos ruedas. Lo había dejado, pero lo convencieron de volver. Frustración mayor porque en carretera se ganó el derecho de representar al país en los Juegos Olímpicos Tokio 1964, pero su nombre no apareció en la lista de viajeros. El motivo todavía se desconoce. El domingo 28 de junio de 1964, en el estadio El Campín, de Bogotá, como marco de fondo de la jornada final de la Vuelta a Colombia, cerró su ciclo con dos marcas: pentacampeón con 38 triunfos parciales. Ambas superadas en 1980 por ilustres: Rafael Antonio Niño Munévar al completar seis cetros en Antioquia, patria de Martín Emilio Cochise Rodríguez Gutiérrez, quien ajustó 39 éxitos intermedios tras ser primero en el décimo tramo, de Buga a Pereira.

Entretanto, seguían los campeones de largo aliento en los Panamericanos. En Winnipeg 1967, en el regreso de Colombia para nunca más ausentarse, dominó el canadiense Marcel Roy; en casa (Cali 1971), ganó el estadounidense John Howard y un colombiano retornó al podio al ser tercero (bronce) Jaime Galeano; Cuba ganó las siguientes ediciones con Aldo Arencibia, Ciudad de México 1975, y con Carlos Cardet, San Juan 1979; el tercer medallista colombiano fue Carlos Mario Jaramillo –actual seleccionador nacional de ruta– al ser segundo (plata) en Caracas 1983 tras perder el embalaje con el mexicano Rosendo Ramos, también primero en Indianápolis 1987; el venezolano Robinson Merchán dominó en La Habana 1991 y el canadiense Brian Walton seguidamente en Mar del Plata 1995 y en Winnipeg 1999.

Los reyes del siglo XXI han sido el uruguayo Milton Wynants (Santo Domingo 2003), el dominicano Wendy Cruz (Río de Janeiro 2007) y el antillano Marc de Maar (Guadalajara 2011). En la memoria quedó el argentino Óscar Muleiro, campeón precursor en Buenos Aires 1951. A los cuatro años lo reemplazó en el sitial más alto un arriero de la montaña, sin formación ciclística, autodidacta, con actitud y aptitud, de pronto, eso pudo hacer más fácil su aprendizaje en la universidad de la vida. Amor propio y talento innato lo llevaron a convertirse en ilustre del deporte en Colombia. ¿Recompensas? aplausos de la gente, miles de admiradoras, otros miles de promesas gubernamentales incumplidas y falsedad de los dirigentes, de ahí la decepción con la cual se bajó de la cicla.

Pero mientras estuvo activo causó sensación, como en 1955, en los límites de la proeza. Eso inspiró al entonces reportero de El Espectador Gabriel García Márquez a escribir 14 capítulos sobre sus hazañas. Tal vez, ninguno pensó que una de las gestas completaría 60 años, sin duda, el registro más longevo de un atleta colombiano de carácter individual. Por coincidencias del destino, ambos partieron el mismo año (2014), primero el hijo ilustre de Aracataca, el 17 de abril, con múltiples homenajes por su pluma mágica, mientras el ilustre hijo de Marinilla partió el 19 de noviembre sin recibir los honores por darle dos oros a Colombia en los Juegos Panamericanos; los mismos que en la edición 17 tienen su prueba de gran fondo también un sábado, pero del 25 de julio de 2015, por las céntricas calles de Toronto, salida y llegada en el Exhibition Place. Allí, en la capital de Ontario, sus sucesores podrían rendirle el más digno tributo póstumo en carretera, para archivar por completo la carpeta del sábado 26 de marzo de 1955.

Por Óscar Héctor Dallos Malaver

Listado de Participantes

Listado oficial completo Prueba Femenina

{rokbox size=|65% 80%| album=|demo|title=|XVII Juegos Panamericanos Toronto 2015, Canadá; julio 10 al 26 de 2015| thumb=|images/pdf_2.png|}images/stories/2015/resultados/toronto15-ruta-fem-lista.pdf{/rokbox}

Listado oficial completo Prueba Masculina

{rokbox size=|65% 80%| album=|demo|title=|XVII Juegos Panamericanos Toronto 2015, Canadá; julio 10 al 26 de 2015| thumb=|images/pdf_2.png|}images/stories/2015/resultados/toronto15-ruta-lista.pdf{/rokbox}