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Columna Son de la Loma: Rubén Darío Arcila

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Los columnistas también tienen madre. A la mía, si la tuviera viva, le gustaría que su hijo escribiera sobre los triunfos del ciclismo y sus hazañas entre la nieve alpina trepando a punta de coraje con la misma desesperación de un sherpa medio congelado conquistando el último risco del Everest.

 

Por Rubén Darío Arcila


Los columnistas también tienen madre. A la mía, si la tuviera viva, le gustaría que su hijo escribiera sobre los triunfos del ciclismo y sus hazañas entre la nieve alpina trepando a punta de coraje con la misma desesperación de un sherpa medio congelado conquistando el último risco del Everest.


Es decir, que lo que les gustaría a muchos de nuestros padres sería que tuvieramos la pericia de hablar o escribir sin pisarle los cayos a nadie. Los padres quisieran que fueras uno de esos periodistas a los que todo el mundo admira. No comprenden que esos personajes, si alguna vez los hubo, ya están muertos. Los columnistas vivos están para ser amados por unos y detestados por otros. Y a veces, dependiendo de la dirección del viento,los que te amaban pasan a detestarte y los que te detestaban piensan: “Hombre, el tipo es hasta brillante”.

 

“El columnista es como el director de cine, vale lo que su última pélícula, o como el amante, vale lo que vale su último polvo”.


El columnista, el de verdad, no el que sigue prendido a las faldas de su madre, presiente, como el alacrán, cuando un comentario lo va a meter en un lío, pero no puede evitarlo, no puede, es su caracter.


Se que si escribo sobre el relámpago de Catatumbo o los versos de Neruda, Doña Blanquita se sentiría feliz, pero torcerá el gesto si me refiero al desespero de varios padres de familia ante la ausencia de estímulos en la pista para su hijos (Colombia no asiste siquiera a los juveniles panamericanos). La Vuelta de la Juventud ahora es de cinco días, convertida en una carrerita regional de Eje Cafetero, cuando en otra época fue la segunda competencia más importante del país.


A veces los lectores se comportan como los padres, con la misma actitud vigilante y severa. Pero hay una diferencia, a tus oyentes y lectores sí les gusta que te metas en líos, lo saborean, ! con una condición ! que tus opiniones coincidan siempre con las suyas. ¿Debe el columnista ser fiel a la parroquia? Es una tentación muy golosa porque quien decide ser leal a su gente consigue armarse de un ejercito de camaradas que le serviran de escudo cuando lleguen los golpes. Como lector prefiero al extravagante, a pesar de que muchas veces no comparta sus opiniones. El extravagante suele ser independiente. Hay muchos lectores que dicen anhelar la independencia y cantidad de comentaristas que afirman serlo. Para mi es, simplemente, una noble aspiración.


En las últimas semanas me escribieron varios amigos que son como mis padres. Uno de ellos me dice que un narrador sensible como yo debería dedicarle más espacio a la ausencia del ciclismo colombiano en la ruta y en las pruebas de semifondo de los Panamericanos dejando la imagen y los titulos del país en el olvido. Otro me dice que debo estar muy seco de ideas para criticar el actual nivel de la Vuelta a Colombia. Tambien recibí algunos correos sin ecabezamiento ni despedida, pero muy expresivos: “!Arriba carelapida!”  “Estamos con El Gago”. Que caracter. La cartas afectuosas, que son la mayoría responden, por lo general, a personas sensatas y educadas.


Me gustaría que en vez de llenarnos la boca con esas palabras, MUNDIALES o PANAMERICANO o SURAMERICANOS, las paladeáramos un poco. No torturemos a Medellín con cuanto evento vamos mendigando por ahí. Los patrocinadores y aficionados no tragan entero y van dando síntomas de agotamiento y aburrición ! Que jartera!


Yo, a veces, cansado de líos, escribo pensando en mi madre. O sea, con el afán de no molestar.


El otro día supimos que el presidente de la Federación vive empeñado en mostrarle su amor a Medellín encartándola con cuanta migaja de evento va recogiendo por todo lado. Dios mio, no hay manera, me dije. Por tanto sean piadosos… no disparen, no maten el ciclismo que también tiene padres. No olvidemos que algunos de estos dirigentes, incluso tienen madre !